
Hay cimas que hay que subir para entender el litoral catalán. Desde el Puig Neulós, que vigila la frontera francesa sobre la Albera, hasta el Burriac, el castillo que preside el Maresme, una franja de montañas bajas y medianas separa el interior del Mediterráneo y, desde sus cimas, el mar está siempre presente. Esta colección es un recorrido de norte a sur por las mejores panorámicas costeras de Cataluña: Cap de Creus, las Islas Medas, las Gavarres, la Costa Brava de Tossa y la larga costa del Maresme. Cimas humildes en altitud, pero generosas en vistas.

El techo de la Albera, en la frontera con Francia. Desde los 1.257 metros se ve toda la Costa Brava, desde el Cap de Creus hasta las Islas Medas, y en días claros, hasta el delta del Ebro.

El mirador por excelencia del Cap de Creus. Desde aquí se ve el punto más oriental de la Península Ibérica, las calas vírgenes del parque natural y, al fondo, la isla de las Formigues.

Un santuario entre el Pirineo y el Golfo de Rosas. A 1.124 metros, el santuario del Mont es punto de peregrinación y de panorámica sobre toda la llanura del Empordà y el mar.

Sobre las Islas Medas. Desde los acantilados del Montgrí, a tan solo 311 metros, las Medas se ven como si se pudieran tocar. Uno de los miradores marinos más sorprendentes de Cataluña.

El mirador de las Gavarres. Desde los 533 metros domina toda la Costa Brava central, con Palamós, Sant Feliu de Guíxols y las Islas Medas en el horizonte.

Un santuario solitario entre Girona y la Costa Brava. Desde los 562 metros, la vista alcanza el mar al este y el Pirineo al norte, con la llanura gerundense desplegándose a los pies.

El balcón de la Costa Brava sur. Desde Tossa de Mar o Santa Coloma, esta cima de 519 metros domina las calas más fotografiadas del Mediterráneo.

Las ruinas medievales que dominan el Maresme. Desde el Burriac, el mar es omnipresente: de Blanes a Barcelona, toda la costa se despliega a los pies del castillo.