
El Berguedà es una comarca de contrastes profundos: abajo, los pueblos de piedra, las minas de carbón y el Llobregat que nace entre los repliegues de los Pirineos; arriba, las crestas agudas del Cadí-Moixeró, las lomas de dos mil metros y las cimas que vigilan dos Cataluñas a la vez. Esta colección propone ascender el Berguedà desde las primeras cimas accesibles de la comarca hasta el techo del macizo, el Pic de Costa Cabirolera, pasando por la inconfundible silueta del Pedraforca. Ocho salidas para conocer la comarca en toda su altura.

La primera cima del Berguedà alto. Desde La Pobla de Lillet, una ascensión forestal hasta los 1.765 metros con vistas al valle del Llobregat y a las primeras colinas de la comarca.

Una cima de transición entre el Berguedà forestal y las crestas del Pirineo. Desde los 1.870 metros, la comarca se extiende hasta las primeras agujas calizas del macizo.

Las crestas interiores del macizo. El Cap d'Urdet, a 2.240 metros, es una de las cimas menos frecuentadas del Berguedà: rutas solitarias y vistas al Cadí y al Moixeró sin las multitudes de las cimas famosas.

La cresta oriental del Moixeró, a 2.276 metros. Ruta accesible desde el Coll de Pal con panorámicas al Berguedà profundo y a las cimas centrales del macizo.

Una de las crestas altas del Berguedà interior. Desde los 2.321 metros domina el paisaje de acantilados y bosques que separa el Berguedà de la Cerdanya, lejos del turismo de masas.

La silueta bífida que todos reconocen desde media Cataluña. El Pedraforca, a 2.506 metros, es la cima más fotogénica y querida del Berguedà. La subida al Pollegó Superior es exigente pero inolvidable.

En el corazón del macizo del Cadí, a 2.548 metros. La ruta por el canal norte es una de las más solitarias y bellas del Berguedà: una cima de silencio y grandiosa geología calcárea.

El techo del Berguedà, a 2.604 metros. Cima poco conocida pero de gran recompensa: cresta alta entre el Berguedà y la Cerdanya con vistas a los grandes picos del Pirineo central. La corona de la comarca.