
No hace falta subir a un 3.000 para disfrutar de una buena cima. Esta colección reúne ocho montañas de toda Catalunya —del corazón de Barcelona a la costa del Empordà, del Garraf a la Garrotxa— que no llegan a los 1.000 metros pero que ofrecen castillos, volcanes y miradores sobre el mar con desniveles asequibles para todos. Son subidas cortas, bien señalizadas y sin complicaciones técnicas: el itinerario ideal para empezar a caminar por montaña o para salir con quien recién se inicia.

La montaña de Barcelona (178m), con el castillo en la cima y vistas sobre toda la ciudad y el puerto. La cima más baja de esta selección y la más urbana: se puede subir entero sin salir de la ciudad.

Un pequeño macizo aislado junto a la costa (311m), coronado por el Castillo del Montgrí y con vistas sobre las Islas Medes y el Empordanet. Un mirador sobre el mar al alcance de todos.

El mirador del Maresme (392m), con los restos de un castillo del siglo XI y vistas que van desde el Montseny hasta el mar. Un clásico corto y agradecido, ideal para una tarde.

La cima más conocida de Collserola (512m), con el Templo del Sagrado Corazón y el parque de atracciones en la cumbre. Se puede hacer a pie desde la ciudad, con Barcelona entera a los pies.

El techo del macizo del Garraf (534m), con un paisaje kárstico seco y mediterráneo bien diferente del resto de montañas catalanas. Vistas sobre el litoral y las canteras del Garraf.

Un cerro aislado en el sur de Catalunya (711m), con vistas que llegan hasta el mar y las sierras del Priorat. Una subida corta y poco conocida, lejos de las aglomeraciones.

El volcán más fotogénico de la Garrotxa (766m): un camino llano atraviesa el hayedo hasta el cráter, con una ermita en medio. La subida más sencilla del Parque Natural.

A un paso de los 1.000 metros (991m), el punto más alto de esta selección, en la Serralada Transversal del Gironès. El tramo final más empinado corona el umbral simbólico justo a tiempo.